
Bull
En 1975 un a amigo de mi papá, tenía cachorros Staffordshire que acababan de nacer, y como sabía que yo cuidaba muy bien a los perros, quería darme uno, porque la mamá tuvo más cachorros de los que podía cuidar.
Fui a ver a los perritos y seleccionando a uno lo llevé a casa bajo el nombre de Bull.
En ese tiempo no era muy conocida la raza Staffordshire o Amstaff, sólo sabía que era bull terrier y que era muy activo, pero pronto me di cuenta de que era algo más.
El perrito era muy pequeño y siempre estaba dormido, tenía el tamaño de la palma de mi mano, era de color atigrado obscuro con rallas unas más obscuras que otras.
Pero los cachorros crecen muy rápido.
Para Bull todo era juego, mientras crecía su energía se incrementaba desproporcionadamente. Al principio, todos jugaban con él, pero, a partir de la edad de 6 meses, solo jugaba conmigo. Todo mordía: desde zapatos, colchas, alfombras, maderas, ropa o lo que estuviera a su alcance. Y esto era un decir, ya que cada vez saltaba a mayor altura y pocas cosas se le escapaban.
Para jugar siempre mordía algo, ya fuera un zapato que trataba de quitárselo con la mano amiga que sentía la poderosa mordida que juguetona, no controlaba su fuerza. De este modo no muchos querían jugar con este pequeño porque sus juegos eran muy enérgicos e interminables. Bull parecía nunca cansarse.
Le gustaba mucho salir a pasear, visitar y conocer nuevos amigos ya fueran caninos o humanos. Pero como yo tenía que estudiar y trabajar solo teníamos los sábados para pasear porque los domingos eran para hacer trabajos y tareas escolares.
Cada sábado salíamos de la casa a las 8:00 de la mañana y paseábamos por un fraccionamiento con pocas casas para que Bull pudiera hacer ejercicio corriendo junto al carro. Los primeros 5 km a una velocidad entre 15 y 20 km/h manteniendo después una velocidad constante de 10 km/h. Al completar 20 km me detenía para que Bull subiera y entonces íbamos al bosque donde podíamos pasear hasta poco antes del anochecer.
Bull siempre fue un perro muy dócil. Caminaba siempre alrededor de mí, haciendo un círculo de 10 m de radio y era incapaz de agredir a nada ni a nadie que se mantuviera fuera del territorio marcado por él.
Hubo ocasiones en los que algún perro lo agredía haciéndolo correr hacia mí, y no pasaba de ser una pequeña carrera alejándose del agresor.
Cuando al ir paseando por el campo, encontrábamos ovejas que pacían en los campos las rodeábamos para evitarlas, pero en ocasiones, los perros que las cuidaban eran azuzados por los pastores para espantar al pequeño Bull, porque sus perros eran mucho más grandes que él.
Al notar que varios perros se abalanzaban contra él, corrió hacia mí y marcó su límite. En ese espacio solo él y yo podíamos estar.
Y así cuando 5 o más perros lo persiguieron pensando que erróneamente huía espantado y que lo podían agredir sin consecuencia, quedaron aterrorizados cuando el pequeño giró y al mismo tiempo atacó a la jauría que al sentir la ferocidad de su silencioso ataque huyeron despavoridos. Al verlos alejarse regresó a mi lado como si nada hubiera pasado.
