
Killer
Porque tenía una mirada penetrante y sin miedo, le dimos el nombre de Killer. Poco a poco demostró que nombre no estaba mal otorgado. Constantemente perseguía a Camila, que escapaba como podía hasta que, cansado, se echaba en algún cojín. Era obvio que era el gato dominante y sólo por el gran tamaño de Reky y Percy no los atacaba. Quizá si los perros hubieran sido más pequeños o el gato más grande estaríamos contando otra historia, sin embargo, siempre estaba buscando alguna debilidad en los demás.
Con el tiempo, Killer se convirtió en una mascota cariñosa que, aunque brusca, jugaba con todos mordisqueando y arañando la mano o el brazo, al estilo felino, pero sin agresividad, solo por diversión, aunque doliera. Le gustaba perseguir juguetes que le arrojaran y quitarle a Camila lo que pudiera atrapar.
Killer era un gato poco común. Le gustaba expresarse de la forma más inesperada: Por las noches, desde el corredor del segundo piso, siempre llamaba a los gatos para que entraran a dormir en la recamara, y fue en una de esas noches cunado al llamarlos, Camila subió y entró tranquilamente para dormir, pero Killer no. Como a pesar del insistente llamado, Killer no subía, empecé a bajar a buscarlo, cuando de pronto una voz, parecida al de una niña, me detuvo: “¡Ahí voy!”. Momentos después, con toda calma Killer subía la escalera.
