
Reky
Buscando entre razas de guardia protección y considerando los comentarios de dueños que habían experimentados con rottweiler, nos dijeron que eran perros muy confiables y leales a sus dueños, pero también eran inmejorables protegiendo el hogar. Hubo quien comentó que tenía una hembra que le gustaba tanto que sus sobrinas lo visitaran, que se acostaba boca arriba para que las niñas pequeñas la montaran.
Convencido de que esta raza era la respuesta a nuestras necesidades, busqué dónde adquirirlo. Lo encontramos en una casa con varios de estos cachorros de dos meses y seleccionando uno nos encaminamos con el cachorro en brazos, mientras el dueño nos comentaba: deben tener mucho cuidado con esta raza, porque requieren mucho control. Pensé que se refería al cuidado que todos los perros necesitan, es decir: no dejarlos sueltos en la calle, llevarlos al veterinario periódicamente, y como era para protección, debíamos de tener cuidado con las visitas.
Aunque la casa no estaba terminada, pasábamos la noche en ella. Por la distancia, para poder llegar a la escuela y al trabajo, todos los días salíamos a las cinco de la mañana, en un carro compacto, en que apenas cabíamos, Mary, Oscar, Mónica, Yo, y ahora un nuevo pasajero.
Una vimos a Reky de escasos seis meses que, sin ruido, ni gruñidos, ni ladridos, de un solo mordisco había matado una rata de mayor tamaño que el común de los gatos, y dejándola a un lado de la puerta de entada a la cocina, se mantenía tranquilo, atento a que le abrieran la puerta para entrar sin inmutarse de lo que había hecho.
A todos nos dio gusto de que hubiera acabado con ese roedor tan grande, pero no nos dimos cuenta del aviso que estaba dando.
Reky había cumplido poco más de ocho meses, cuando un sábado en el que los albañiles estaban arreglando la puerta de entrada del carro, usando una correa, paseaba al perro por la banqueta de la casa. Se comportaba como si hubiera sido entrenado: no tiraba de la correa, al detenerme, se sentaba a mi izquierda, no se distraía con nada.
Seguramente, quienes lo veían, pensaban que había sido entrenado en alguna institución de prestigio. Pero no, ni había ido a ninguna escuela, ni asistido a ningún entrenamiento, ni yo sabía entrenar a un perro.
Caminaba con mi perro por la calle cuando un señor me detuvo para ofrecer sus servicios de arquitecto y al tratar de darme su tarjeta Reky vio el movimiento de la mano y lo atacó.
Empecé a darme cuenta del temperamento de esta raza. Ideal para cuidar, es decir, no respeta ni personas, ni animales, y siempre observaba con recelo.
Partimos hacia el trabajo en nuestro auto, con nuestro guardián cumplía un año cuando llegando a una avenida del centro de la ciudad, un repartidor estacionó su camión en una calle, que por ser angosta, detuvo a los automovilistas que la usaban. Creyendo que yo era quien tocaba incesantemente la bocina del carro, se acercó amenazante, con la intención de buscar problemas, hasta que notó que un fiero animal lo veía fijo a los ojos. En ese momento, regresó a su camión y despejó la calle.
Una tarde nos encontramos que en costado de una llanta del carro le brotaban burbujas originadas al salir el aire. También mostraban las huellas de dos colmillos y algunos dientes entre ellos. No había duda, era la mordida de Reky.
Aprendí que “control” significaba adiestrarlo.
Todos los fines de semana caminaba con Reky alrededor del patio, haciendo los ejercicios de sentado, echado, seguir mi paso o trote, en línea recta o zigzagueando. Estábamos en este ejercicio, cuando de improviso, al estar caminando por la mitad del patio con el frente hacia la casa, observamos una figura oscura, similar, si no es que fuera la misma que antes había visto con Bull en la casa de mis papás, escondiéndose en una esquina. En ese instante Reky se detuvo. Lo solté de la correa y sin hacer el menor ruido, arremetió contra el intruso que instantáneamente desapareció. Desde entonces no lo hemos visto otra vez.
Con tiempo fuimos aprendimos los límites para convivir con esta raza, porque, como no era un perro de compañía, debíamos entender su personalidad.
